domingo, 21 de marzo de 2010

Otoño en La Guarida

El otoño suele ser la época en que las mariposas se marchan. La Guarida es (entre tantas cosas que es...) un refugio más donde las mariposas errantes podrán acurrucarse y esperar días más tibios.
En la ciudad donde vivo, el otoño suele ser benévolo, soleado, lleno de luz brillante y suave, muy bello. Así que las mariposas aquí seguirán revoloteando, entre tantas bonitas flores que se abren en la estación de oro.
Cada momento tiene su magia, y éste es un tiempo de serenidad, de melancolía, de reflexión, de apreciar las cosas bellas, de sentarse con una taza de café y un buen libro, en el rincón más soleado de nuestra casa.
Les acerco estos versos de Neruda, propicios para la ocasión...

MARIPOSA DE OTOÑO
(Pablo Neruda)

LA mariposa volotea
y arde —con el sol— a veces.

Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.

Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.

Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.

Se va la mano que te induce.
Se va o perece.

Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.

El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.

Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.

Su lengua tibia me rodea.
También me dice: —Te parece.

La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

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