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martes, 20 de diciembre de 2011

2012

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El año que se inicia es quizás de los más publicitados, desde hace mucho, mucho tiempo atrás. Más de once civilizaciones antiguas ya hablaban de él, dicen.

Lo cierto es que nuestro planeta tarda un año en dar una vuelta completa alrededor del sol. Del mismo modo, nuestro sistema solar tarda unos 25 mil años (años más, años menos) en dar una vuelta completa alrededor del centro de la galaxia. Eso, los antiguos lo habían calculado con una precisión de la que los científicos más capaces de nuestro tiempo  no dejan de asombrarse. Al parecer, en diciembre de este año que comienza, se completa ese ciclo, una vez más.
Eso es todo lo que predijeron los Mayas, los Hopi, los Sumerios, etc. Ninguna de esas culturas predijo los fines del mundo de los que tanto hablan los que leen poco. Y entre esos que leen poco están, por supuesto, los productores de cine catástrofe de Hollywood, los productores de contenidos amarillos de TV, y cuanto alarmista se crucen por ahí, y toque de oído. El año que viene es, nada más ni nada menos, que una especie de “año nuevo galáctico”. Y como en todos los años nuevos, aún en los modestos años nuevos terráqueos, lo que se hace es una especie de balance, y una lista de propósitos y anhelos. Como esta vez se trata de un año nuevo importante, digamos, los propósitos podrían ser más grandes, más universales, más generosos, más éticos.
Y quién sabe, si nos esforzamos por cumplirlos, tal vez se haga realidad el sueño de un cambio de conciencia universal.
No sé cómo les sale el balance de lo vivido hasta aquí a ustedes, las personas que están cerca de mi corazón. Ni sé en detalle cuáles son sus sueños y propósitos para el futuro. Por supuesto, mi deseo es que todo sea como esperan, o mejor, como necesitan. Yo sé que el Universo sabe.
Por eso quiero pedirles que, al menos por esta vez, no piensen sólo en ustedes y sus seres queridos. Piensen un poquito más allá:
Piensen en todo el planeta, con sus animalitos, sus plantas, sus ríos, su cielo. Que es una manera de pensar en todos.
Y así, quizás, el futuro sea mejor.

Este 2012, pensemos en grande.




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martes, 26 de julio de 2011

Belleza microscópica

Muchas veces miramos sin ver. 
Y el mundo está lleno de belleza, a veces en los lugares más inesperados.
Belleza que nos pasa desapercibida, hasta que a alguien, vaya uno a saber por qué, se le ocurre mirar mejor.
O más de cerca. O desde otro ángulo.
Y así descubre maravillas.
Hoy, gracias a la tecnología, es más fácil compartir esas miradas con más gente.
Encontré esto en BBC, espero que les guste tanto como a mí.


La belleza escondida de la arena
(Por Dalia Ventura para BBC Mundo)

Ya sabíamos que es delicioso acostarse en ella, y que podíamos pasar horas dejando que corriera por entre los dedos, mientras nuestros pensamientos se perdían en el horizonte.
Lo que no sabíamos era que al verla muy, muy de cerca, la arena de las playas es hermosa: una colección de joyas diminutas.
Gracias al trabajo de Gary Greenberg, doctor en investigación biomédica del University College of London, ahora podemos apreciarla.
Sus fotografías muestran granos de arena común ampliados más de 250 veces, y revelan estructuras delicadas, llenas de colores y únicas.
BBC Mundo contactó con Greenberg en Hawaii, donde vive dedicado a darle rienda suelta a sus dos pasiones: el arte y la ciencia.
¿Qué lo llevó a fotografiar granos de arena?
Todo comenzó diez años atrás, cuando estaba desarrollando microscopios tridimensionales en Filadelfia. Mi hermano, que vive en Maui, me envió un tubito, de esos en los que se guardaban rollos de fotos, lleno de arena, para tentarme de que viniera a visitarlo.
La arena permaneció en mi estantería durante varios meses, hasta que un día, decidí echarle un vistazo a través de mi nuevo microscopio.
¡Me asombró lo que vi! Entonces le pregunté a un amigo que vive en las Islas Vírgenes que me enviara un poco de arena. Me sentí abrumado: cada granito de arena era único y hermoso.
Eso me llevó a fotografiar la arena durante cinco años, y a compilar mi hallazgo en un libro.

Técnicamente, ¿cómo lo hizo?
Las fotografías microscópicas de objetos tridimensionales son difíciles de producir.
Hay muchos factores que se mezclan para hacer una fotografía atractiva a través del microscopio. La calidad del lente, la iluminación, la cámara y el tipo de microscopio: todos hacen una gran diferencia. Yo uso microscopios especiales 3D que he estado desarrollando durante los últimos 20 años.
Las fotografías microscópicas de objetos tridimensionales son difíciles de producir porque los microscopios ópticos o de luz tienen muy poca profundidad de foco.
En otras palabras, la cámara sólo puede captar una sección delgada del objeto en foco, con el primer plano y el fondo fuera de foco. Yo supero esta limitación, fotografiando una serie de imágenes tomadas a niveles de enfoque diferentes.
Para producir una imagen totalmente enfocada, un programa de computadora analiza cada imagen en la serie, selecciona las porciones con foco y descarta las partes desenfocadas de cada imagen en la serie. Todas las partes enfocadas son combinadas a la perfección para formar una sola imagen enfocada nítidamente desde el primer plano hasta el fondo.
El resultado de toda esta tecnología es una representación dramática, más tridimensional del objeto que, en este caso, revela la belleza de pequeños granos de arena.
La belleza no requiere de excusas, pero ¿es esto parte de un proyecto más grande?
Mi misión es mostrarle a la gente cosas que nunca han visto antes. Me gusta llevar a la gente en un viaje visual al interior del micromundo de las cosas ordinarias, como la arena, las flores y los alimentos... las cosas que vemos y tocamos todos los días, pero nunca examinamos muy de cerca.
Después de ver mis fotografías a través del microscopio, lo más probable es que no vuelvas a cosas "comunes y corrientes", como la arena, de la misma manera.
Los secretos de la naturaleza son visibles en todas partes. Sin embargo, siguen siendo secretos hasta que son descubiertos.
Usted ha visto la arena de todo el mundo, ¿es la arena de un mar diferente de otras? ¿Espera ver más de algo en algunas playas que en otras?


Los granos de arena de cada playa son únicos. He visto arena de miles de playas de todo el mundo, y nunca he visto dos iguales. De hecho, no hay dos granos de arena idénticos. Cada grano es único, y cada uno tiene una historia que contar acerca de la geología, la biología y ecología de la zona.
La arena originalmente llega a la playa a través de los ríos que bañan los minerales de las rocas y la tierra. Los diferentes tipos de trozos biológicos que se encuentran en la arena reflejan la biología y la ecología locales de la playa.
Cuando las criaturas del mar mueren, dejan tras de sí fragmentos de conchas, espinas de erizos de mar, dientes y huesos que se convierten en granos de arena.
De hecho, en las playas de las islas, la mayor parte de la arena está hecha de fragmentos de conchas. Mientras que en los continentes, la mayoría de arena está hecha de cristal de cuarzo.
¿Ver toda esa belleza ha cambiado sus visitas a la playa? ¿Ahora pisa con más cautela?
Yo soy una persona muy curiosa, probablemente, por eso me gustan tanto microscopios.
Los microscopios me han enseñado a observar las cosas de cerca, y nunca me decepciono.
Después que la gente ve mi libro sobre la arena de todo el mundo, me dicen que nunca ven la arena de la misma manera. Eso es lo que yo siento respecto a todo lo que hay en la naturaleza.

Para quienes quieran ver más sobre el trabajo de este artista, los invito aquí.


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viernes, 22 de abril de 2011

DÍA DE LA TIERRA

Hoy es el Día de la Tierra.
Hoy es el momento de tomar conciencia.
Todavía no es tarde...

Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado.
Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.
La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimento de una sociedad civil global está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas.
Para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza. Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente. Por lo tanto, juntos y con una gran esperanza, afirmamos los siguientes principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales.

Origen del Día de la Tierra
El Día de la Tierra es un día festivo celebrado en muchos países el 22 de abril. Su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, instauró este día para crear una conciencia común a los problemas de la superpoblación, la producción de contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra. La primera manifestación tuvo lugar el 23 de abril de 1970, promovida por el senador y activista ambiental Gaylord Nelson, para la creación de una agencia ambiental. En esta convocatoria participaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias y centenares de comunidades. La presión social tuvo sus logros y el gobierno de los Estados Unidos creó la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental) y una serie de leyes destinada a la protección del medio ambiente.
En 1972 se celebró la primera conferencia internacional sobre el medio ambiente: la Conferencia de Estocolmo, cuyo objetivo fue sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud de los problemas ambientales y que se instituyeran las políticas necesarias para erradicarlos.
Las Naciones Unidas celebran el día de la Tierra cada año en el equinoccio invernal (alrededor del 21 de marzo). El 26 de febrero de 1971, el secretario general U Thant firmó una proclamación a ese efecto. Al momento del equinoccio suena la Campana de la Paz en la sede central de la ONU en Nueva York.
El Día de la Tierra es una fiesta que pertenece a la gente y no está regulada por una sola entidad u organismo; tampoco está relacionado con reivindicaciones políticas, nacionales, religiosas, ideológicas ni raciales.
En el Día de la Tierra se reflexiona sobre la importancia del vital líquido que es indispensable para la vida de todas las especies del planeta incluida la humana como lo que es el agua ya que de toda el agua que existe en el planeta tan solo el 2% es potable.
El Día de la Tierra apunta a la toma de conciencia de los recursos naturales de la Tierra y su manejo, a la educación ambiental, y a la participación como personas ambientalmente conscientes. Una reverencia por la vida y las fuentes de nuestro ser..."

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martes, 8 de febrero de 2011

Plumas

Después de un largo descanso retomo la labor de La Guarida. La verdad es que la tenía bastante abandonada.
Pero eso me sucede siempre en verano, cuando los días cálidos (aunque inusualmente lluviosos este año) me sacan de mi guarida real, la de las cuatro paredes que me cobijan en invierno.
Agradezco a quienes han seguido viniendo por aquí, a pesar de que no había nada nuevo, al menos para echar un vistazo.
Trataré de retomar el ritmo de publicación (ritmo que, a decir verdad, siempre ha sido pausado) hasta que llegue el otoño, época en que el clima invita a leer más y a quedarse más en casa.
Durante mi descanso he tenido la suerte de pasar unos días en el campo sin internet, y me gusta mucho mirar a los pájaros (variadísimos y aún abundantes en mi región, felizmente), y al verlos volar aún bajo la lluvia, comencé a preguntarme sobre sus bellísimas plumas.
Al volver, encontré este estupendo artículo de National Geographic que hoy comparto con ustedes.

La larga, curiosa y extravagante evolución de las plumas
(Por Carl  Zimmer. Fotografías de Robert Clark)

El argo gigante del sureste de Asia es un faisán más o menos sin gracia… hasta que baila ante una hembra con las plumas de sus alas enormes abiertas en abanico, dejando al descubierto la superficie interior que se muestra en este segmento de 10 centímetros. Cientos de manchas similares a ojos encantan a las hembras.
Las aves vivas despliegan una diversidad de plumas hipnótica, cada una especializada en una tarea específica. Si la forma familiar de un vexilo largo variara mucho, podría fallar en el vuelo. Sin embargo, la evolución puede ser más creativa cuando se trata de las demostraciones durante el cortejo, de las cuales muchas dependen de plumajes coloridos. Muchas aves utilizan sus plumas para mantenerse frescas o calientes, hacer o reducir el ruido, flotar o caminar sobre nieve, concentrar el sonido y mejorar la audición, construir nidos, ayudar a la digestión, llevar agua y escapar de depredadores al des- prenderse de sus plumas, igual que una lagartija lo hace con su cola. “Las plumas son lo más complejo que puede crecer de la piel de cualquier organismo –dice Richard Prum–. Es sorprendente cómo miles de estructuras diversas trabajan en conjunto para crear el plumaje”.

Faisán pavo real gris. Pluma oculta de la cola, despliegue del abanico

Guacamaya roja. Pluma oculta del ala, vuelo

Búho manchado. Pluma de ala con borde serrado, amortigua el sonido

Quetzal de cabeza dorada. Pluma oculta de la cola
La mayoría de nosotros nunca podrá ver las grandes maravillas de la naturaleza en persona. No veremos el ojo colosal de un calamar, tan grande como una pelota de basquetbol, pero hay una maravilla natural que casi todos podemos ver con solo salir: dinosaurios que usan sus plumas para volar.
Las aves son tan comunes que es fácil dar por sentada su herencia de dinosaurios y el plumaje ingenioso que las mantiene en el aire. Para soportar la fuerza del aire que se le opone, una pluma para vuelo tiene una forma asimétrica: el borde frontal es delgado y rígido; el posterior, largo y flexible. Para elevarse, un ave solo debe inclinar sus alas y ajustar el flujo de aire encima y debajo de ellas.
Las alas de los aviones explotan algunos de los mismos trucos aerodinámicos. Sin embargo, el ala de un ave es mucho más. Desde el eje central de una pluma se extiende una serie de barbas delgadas, de las cuales brotan barbillas más pequeñas, como si fueran ramas de un árbol, alineadas con ganchos pequeños. Cuando estos se sujetan con los ganchos de las barbillas vecinas crean una red estructural muy ligera pero notablemente fuerte. Cuando un ave se limpia las plumas con el pico, las barbas se separan fácilmente y después vuelven a su lugar.
El origen de este mecanismo maravilloso es uno de los misterios evolutivos más perdurables. En 1861, justo dos años después de que Darwin publicara El origen de las especies, los trabajadores de una cantera en Alemania desenterraron fósiles espectaculares de un ave del tamaño de un cuervo llamada Archaeopteryx, que vivió hace 150 millones de años. Tenía plumas y otros rasgos de los pájaros vivos, pero también vestigios de un pasado reptiliano, como dientes en la boca, garras en sus alas y una cola larga y huesuda. Igual que los fósiles de ballenas con patas, el Archaeopteryx parecía capturar un momento de una metamor- fosis evolutiva crucial. “Es un gran caso para mí”, le confió Darwin a un amigo.
El caso habría sido más significativo si los paleontólogos hubieran podido encontrar una criatura más antigua, dotada de plumas más primitivas, algo que buscaron en vano durante el siguiente siglo y medio. Mientras tanto, otros científicos buscaban esclarecer el origen de las plumas al examinar las escamas de los reptiles modernos, los parientes vivos más cercanos a las aves. Tanto escamas como plumas son planas, así que quizá las escamas de los antepasados de las aves se estiraron, generación tras generación. Después puede que los bordes se deshebraran y separaran, convirtiéndose en plumas verdaderas.
También tiene sentido que este cambio ocurriera como adaptación para poder volar. Imaginemos los antepasados de las aves como pequeños reptiles escamosos de cuatro patas que vivían en las copas de los árboles y saltaban de árbol en árbol. Si sus escamas se alargaron, les proporcionaron más y más elevación, lo que habría permitido que las protoaves planearan un poco más lejos cada vez. Tal vez más tarde los brazos se convirtieran en alas que podían mover hacia arriba y hacia abajo, transformándolos de planeadores a verdaderos y poderosos voladores. En pocas palabras, la evolución de las plumas pudo haber ocurrido al mismo tiempo que la evolución del vuelo.
Esta noción de que las plumas condujeron al vuelo se empezó a desenredar en los años setenta del siglo xx, cuando el paleontólogo de Yale, John Ostrom, observó similitudes sorprendentes entre los esqueletos de las aves y los de dinosaurios terrestres conocidos como terópodos, grupo en el que están incluidos monstruos taquilleros como el Tyrannosaurus rex y el Velociraptor. Ostrom sostiene que resulta evidente que las aves son descendientes vivos de los terópodos. Sin embargo, muchos de los terópodos conocidos tienen piernas grandes, brazos cortos y colas largas y gruesas, una anatomía que difícilmente esperaríamos encontrar en una criatura que salta entre los árboles.
En 1996, paleontólogos chinos ofrecieron un apoyo sorprendente a la hipótesis de Ostrom. Se trataba del fósil de un terópodo pequeño de brazos cortos de hace 125 millones de años, el Sinosauropteryx, que tenía una característica extraordinaria: una capa de filamentos delgados y huecos que le cubrían lomo y cola. Por fin ha- bía evidencia de plumas primitivas verdaderas en un terópodo que corría en el suelo. En pocas palabras, el origen de las plumas tal vez no tu- viera nada que ver con el origen del vuelo.
Poco después, los paleontólogos empezaron a encontrar cientos de terópodos emplumados. Con tantos fósiles por comparar, empezaron a armar una historia más detallada de la pluma. Primero llegaron los filamentos simples. Después, diferentes linajes de terópodos desarrollaron varios tipos de plumas, algunas parecidas al plumaje esponjoso de algunas aves actuales, otras a barbas ordenadas de forma simétrica. Otros terópodos portaban listones rígidos de filamentos anchos, nada parecidos a las plumas de las aves vivas.
Los filamentos largos y huecos de los terópodos presentaban un problema. Si eran plumas primitivas, ¿cómo evolucionaron a partir de las escamas? Afortunadamente, hoy día hay terópodos con plumas similares a hebras: los polluelos bebés. Todas las plumas de un polluelo en desarrollo empiezan como cerdas que salen de la piel; es después que se separan en formas más complejas. En el embrión del ave, estas cerdas salen de segmentos de piel pequeños llamados placodas. Un aro de células de crecimiento rápido sobre la placoda forma una pared cilíndrica que se convertirá en la cerda.
Los reptiles también tienen placodas, pero en el embrión de un reptil cada una intercambia genes que provocarán que las células de la piel solo crezcan en el borde posterior de la placoda, lo que a la larga formará las escamas. A finales de los noventa del siglo xx, Richard Prum y Alan Brush, desarrollaron la idea de que la transición de escamas a plumas pudo depender de un cambio simple en las órdenes genéticas dentro de las placodas, lo que causó que sus células crecieran verticalmente a través de la piel en vez de horizontalmente. Una vez que los filamentos se desarrollaron, se necesitaron modificaciones menores para producir plumas cada vez más elaboradas.

Pavo Real. Compuesto de 3 imágenes. Universidad de Yale.



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domingo, 26 de diciembre de 2010

BOABABS: MAGNÍFICOS

Desde El Principito (vi la película cuando tenía 7 y leí el libro luego), me fascinaron.
Sin embargo nunca hasta ahora supe mucho de ellos.
A veces, hasta creí que no existían ya, o que quizás no habían existido nunca.
No sé por qué jamás busqué sobre ellos en diccionarios enciclopédicos o en internet.
Pero un día, hace poco, casi por accidente, leí este artículo, que ahora comparto con ustedes, los lectores de La Guarida. 
Y quedé fascinada, una vez más.
Les presento al boabab.
El baobab africano es un árbol de tronco masivo, con forma de botella o irregular y lleno de nudos. Su altura puede oscilar entre los 5 a 30 m y el diámetro del tronco superar los 11 m. La corteza es lisa y la madera fibrosa con poco contenido en agua. Las hojas sólo brotan en la época de las lluvias, en verano en el hemisferio norte y en invierno en el hemisferio sur. Las hojas del árbol adulto son compuestas, tienen de 5 a 11 foliolos que surgen del mismo peciolo en círculo y cuyos bordes son enteros en todas las especies salvo en la especie rubrostipa, que los tiene dentados. Los árboles jóvenes tienen las hojas simples y se van lobulando poco a poco. Las flores son hermafroditas, actinomorfas, de unos 10 cm, con pétalos blancos. Todas las especies dan frutos al final de la estación seca o principios de la húmeda. El fruto es una baya seca o una gruesa cápsula con forma de melón alargado. Las semillas son numerosas, grandes, con forma de riñón. Envolviendo las semillas hay una pulpa de color crema, cuya textura varía de terrosa a esponjosa según la especie y la edad del fruto. Las semillas viven más de cinco años.
Los baobabs adoptan la forma de botella durante la etapa de madurez, a partir de los doscientos años. En buenas condiciones, sobre suelo arenoso, con un clima templado y lluvias entre 300 y 500 mm pueden vivir hasta 800 o 1000 años, aunque se habla de ejemplares que han alcanzado los cuatro mil años.
Algunos baobabs se ahuecan en la madurez y se convierten en grandes depósitos en los que se pueden almacenar más de seis mil litros de agua.
ESPECIES:
Adansonia digitata – El Baobab por excelencia. Crece en todas las zonas semiáridas del África continental, alcanza los 25 m de altura y diez metros de diámetro. La copa es redondeada y tiene uno o varios troncos secundarios. Las hojas tienen de 5 a 7 foliolos. El fruto es globoso u ovoide. En el Sahel hay cuatro tipos de esta especie, el de corteza negra, el de corteza roja, el de corteza gris y el de hojasoscuras (dark leaves). Este último tiene las hojas más apreciadas como verdura, el gris es mejor por la fibra y los otros por los frutos.
Adansonia grandidieri. Propio de Madagascar, es la especie más alta (25 m) y esbelta que las demás; acilindrado y liso. También es el árbol que tiene más usos y se ha explotado más. La corteza, de un tono gris rojizo, y que en el árbol adulto tiene de 10 a 15 cm de grosor, es tan fibrosa que no queda ningún árbol del que no se haya extraído a una altura de dos metros para hacer tejidos, ya que se regenera fácilmente. El fruto es globoso, dos veces más largo que ancho. La pulpa del fruto se come fresca y de la semilla se extrae un aceite para cocinar. En algunas zonas se alimenta a las cabras con estos frutos; las cabras digieren la pulpa y expulsan la semilla entera. La madera, esponjosa, es rica en agua y tiene anillos concéntricos que muestran los años de crecimiento. Según las leyendas, los árboles solitarios de esta especie albergan espíritus y no es raro encontrar ofrendas a los pies de los ejemplares más grandes.
Adansonia gregorii (sin. A. gibbosa). Endemismo de Australia. Crece en afloramientos rocosos, lechos de ríos y llanuras inundables del noroeste de Australia. Raramente supera los diez metros de altura y la copa es irregular. Echa las hojas entre noviembre y marzo. Los australianos lo llaman árbol de la rata muerta o árbol botella.
Adansonia madagascariensis. Pueden medir de 5 a 12 m y ser de formas muy distintas. Crece en el nordeste de Madagascar y puede incluso adentrarse unos metros en el mar. El fruto es más ancho que largo. Florece en febrero y echa las hojas en noviembre. Si se planta en semillero, sus raíces hinchadas son una verdura excelente.
Adansonia perrieri. Crece también en el norte de Madagascar. Quedan pocos ejemplares de esta especie en peligro de extinción. No supera los 15 metros de altura y puesto que está en el hemisferio sur echa hojas entre noviembre y abril, como el resto de baobabs de Madagascar.
Adansonia rubrostipa (sin. A. fony). Crece en el oeste y al sur de Madagascar, en terrenos arenosos o arcillosos. Es el más pequeño de los baobabs de Madagascar, de 4 a 5 m, aunque pueden encontrarse ejemplares de hasta 20 metros de altura. Son gruesos y se estrechan antes de las ramas, dándoles una forma de botella muy especial. La corteza es marrón rojiza. Las hojas son serradas. Es una importante fuente de alimentación para los lemures.
Adansonia suaresensis. Crece en el norte de Madagascar. También en gran peligro. Es una especie alta, mide hasta 25 m y tiene un tronco esbelto, con un tronco de 2 metros de diámetro. El ramaje es amplio, las hojas tienen de 6 a 11 foliolos verde amarillentos y elípticos. El fruto es dos veces más ancho que largo. Sus semillas son las más grandes de la familia.
Adansonia za. Crece desde el extremo sur hasta el noroeste de Madagascar. El tronco es cilíndrico y muchas veces irregular. Las semillas son comestibles y el tronco se usa a menudo como depósito de tierra.
Es bellísimo nuestro planeta, verdad? Conozcámoslo. Y cuidémoslo.

(Información recibida de Cristian Rockman, de LA HORA DEL PLANETA)


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